De acá para allá

25De acá para allá. Mauro Rodríguez Peralta, del grupo de solidaridad internacional de la APDHA

“Cada aspecto de la vida nacional de la vida está siendo subordinado a la necesidad primordial del partido por retener el poder. Todas las salvaguardas constitucionales están siendo arrojadas por la borda y las libertades individuales están siendo suprimidas implacablemente”.
“No me considero obligado ni legal ni moralmente a obedecer las leyes hechas por un Parlamento en el cual no tengo representación”.
“Los intentos por dividir nuestro pueblo en bandos étnicos, por convertir su rica variedad en un peligro con el que perforar nuestros corazones, debemos hacerlos fracasar”.

Puede parecer tendencioso o suspicaz intentar engañar al lector para que saque conclusiones sobre temas que a uno le gustaría tratar, pero está vez lo considero oportuno, ya que el recorrido mental que he hecho durante mi reciente visita a Sudáfrica me ha hecho replantearme algunos dilemas que quizás olvidamos en el fragor de la batalla. Es para esto que algunos viajamos ¿no? Para encontrarnos con uno mismo.
Estas citas iniciales son líneas sacadas de discursos del gran héroe del pueblo sudafricano Nelson Mandela, que hacen reflexionar sobre la solidaridad internacional. Muchos de sus textos, podríamos considerarlos anacrónicos, y situarlos en una inmensidad de conflictos actuales. Quizás sea una sensación que me he traído, pero no creo que sea el único que haya visitado Sudáfrica y haya vuelto con ésta. El apartheid te pega un palo del que cuesta recuperarse. Seguramente la mayoría de los que me están leyendo deben conocer en profundidad las políticas de segregación racial que sufrió este país durante más de cuarenta años, pero no se puede comparar con sentirlo in situ. Tal vez sea muy joven, tal vez tuve que estar ahí para ser realmente consciente, tal vez.
La implacable Johannesburgo me abdujo con su historia reciente y me hizo entender que hasta “ayer” había una minoría que podía dominar a una mayoría, pero por sobre todas las cosas me hizo comprender que esto no es “pasado”. Mientras no luchemos en contra de la injusticia ni la denunciemos, no sólo será pasado, será presente y además será futuro.
Afortunadamente, y luego de muchos años de sufrimiento, el activismo contra el apartheid triunfó y se puso fin a tantos años de perversión fascista, Pero de allí me traje la pena de que los poderes fácticos siguen bien presentes. La segregación racial que supuso este proceso ha terminado en el papel, pero deberemos esperar todavía bastante tiempo para experimentar una verdadera igualdad en Sudáfrica. Los afrikáners todavía tienen el poder económico y eso se nota. He recorrido carreteras en el sur del país (dentro se encuentras los viñedos, una de las zonas más ricas y bonitas) y todavía se pueden ver los carteles de señalización en su idioma, cuando en realidad existen 11 lenguas oficiales, siendo el ingles (y no el afrikaans) la más hablada. Pero también sé que el camino para la reconciliación está abierto, más allá que las heridas todavía no hayan sanado.
Ahora bien, todo esto me llevó a una reflexión más importante. Recorriendo el país, con tiempo para “pensar” lo vi muy claro, la comunidad internacional está haciendo lo mismo que hizo durante el apartheid, mirar para otro lado hasta que se hizo insostenible. Entonces ¿qué pasa con los conflictos que vivimos en la actualidad? ¿Vamos a seguir con esta pseudopreocupación que intentamos mostrar como sociedad que al final no se compromete a cambiar la realidad?
Pienso en el sufrimiento de Mandela, Tambo o Sisulu (entre miles más) y pienso en los presos políticos palestinos, pienso en los inmigrantes subsaharianos detenidos en los CIE, pienso en Guantánamo, pienso en los campos de concentración chinos o coreanos. Pero también pienso en lo fácil que nos acostumbramos a los conflictos. ¿Quién habla ya de Siria? ¿Olvidamos a Libia ya sin Gadafi? Ni hablar del ocupación en Palestina. ¿Nadie va a remarcar la tolerancia que tenemos a los regímenes dictatoriales hasta que no “hacen nada malo”? ¿Soy el único que ve que los tres grandes clubes del futbol español que hoy en día están en todos los periódicos están patrocinados por empresas públicas de tres dictaduras? ¿Qué nos pasa como sociedad?
En estos últimos años me he debatido entre la Historia y el Periodismo, pero no logro separar una de la otra. Eso debemos hacer como sociedad, no podemos condenar el pasado pero olvidar el presente. No quiero mirar a mis futuros hijos y decirles que no hice nada para intentar cambiar la realidad que nos rodea. Simplemente me niego a conformarme con lo que tenemos, quiero algo más, quiero algo mejor.

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