Los violentos como excusa

policia-22m_478x262Del Blog en la SER de nuestro compañero Diego Boza.
Una de las personas de las que más he aprendido en los últimos años suele repetir una frase que para mí se ha convertido en un mantra a la hora de afrontar el día a día en un colectivo social de defensa de los desfavorecidos. Dice mi amigo que si queremos cambiar el mundo, tenemos que empezar por cambiarnos a nosotros mismos. Nuestra actitud de funcionamiento dentro de la organización y de cara a las personas que vienen a vernos debe ser cercana, amable, cariñosa… No podemos pretender construir una sociedad que acoja a todos, incluyente, democrática, tolerante si en nuestro actuar nos olvidamos de esos principios. Contundentes en el mensaje, amables en las formas.
Por eso, entre otras muchas razones, desconfío absolutamente del uso de la violencia y de quienes no se alejan de ella. Por eso, cada vez que una de las manifestaciones convocadas para reclamar aquellas ideas que comparto, la dignidad, la indignación, el cambio democrático acaba en altercados, en disturbios, en bronca me cabreo.
Comprendo que algunos de los que comparten como fin la necesidad de cambiar la sociedad no comparten los métodos no violentos de presión social, la denuncia, la puesta de relieve de las contradicciones de esta democracia, de este capitalismo. No obstante, me permito dudar de que una sociedad mejor, un sistema más justo, democrático y tolerante se pueda alcanzar mediante el uso de la violencia.
Con todo, el uso de la violencia está siendo el arma empleada por el poder para condenar el mensaje de hartazgo que transmite la población. El rechazo a los altercados es tal que los que mandan magnifican e incluso provocan los mismos para evitar afrontar la realidad de más de un millón de personas manifestándose por Madrid contra esta partitocracia y contra estos recortes.
Tal es así que, al final, los que quedan en evidencia son los propios mandos policiales. El invento de los tirachinas de bolas o la muleta espada que nunca estuvieron en las manifestaciones es una forma tan burda de manipular que acaba poniendo en evidencia la represión de la manifestación, acaba dando razones a los violentos.
Y es que, al final, parece que eso es lo que se pretende, dar razones a los violentos que permitan una mayor represión. Los radicalismos se alimentan mutuamente. Pero en el caso del Partido Popular, con un objetivo, criminalizar la disidencia, la protesta y los movimientos sociales para legitimar un recorte aún mayor de las libertades cívicas.

 

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