Una línea recta de Cádiz a Larache

1095042_552120318170360_754518762_nJuani Amaya – Vanessa Perondi
La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDH-A) y la Asociación Pateras de la Vida organizaron los días 9 al 11 pasados un encuentro entre jóvenes españoles y marroquíes, de diferentes disciplinas, para compartir experiencias y romper prejuicios. (Ver galería fotográfica en el FB de Apdha.Cádiz: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.552120221503703.1073741873.116831095032620&type=1)
Hay artistas en este siglo que están alimentados por hipotecas, lexatin, coches veloces y series de prime time. En Larache y Assilah, en Marruecos, los hay que pintan la igualdad en sacos de papas y dicen que su país avanza, en bicicleta pero avanza, lento pero seguro. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDH-A) adelgazó el pasado fin de semana esa panza de océano que separa Cádiz y Larache. Y juntó a gaditanos con marroquíes (todos de diferentes profesiones), no los colocó enfrente, sino al lado, durante dos días, incluyendo la convivencia de los jóvenes con las familias de Larache. Durmiendo, comiendo y hasta bailando en sus casas. Realizando talleres y debates. Hablando de arte y sociedad. De política. De libertad de expresión. Del ser humano. Aprendiendo y desaprendiendo.
El pasacalles, la boutique del Barça y las verbenas de los 90
La expedición, compuesta por 26 jóvenes (de Jerez, El Puerto, San Fernando, Chiclana, Conil y Cádiz, e incluso de Letonia y EEUU), se inició el viernes 9 de agosto en Larache, en una ciudad en la que la noche lanzaba balazos de 40 grados. Hacía calor. Una tienda de chapas, una boutique según rezaba en el cartel, dejaba claro que el fútbol allí también es el fútbol y que Messi es Messi. El asombro, ya saben ese golpe en la boca del estómago, se instaló con el recibimiento. En una esquina de Larache, donde se ramificaban las casas, se había montado una verbena para los recién llegados, como las que se organizaban por sus barrios en el Cádiz de los años 90. El paisaje lo completaban el pasacalles de los músicos, vecinos arremolinados y el señor Jamil, de la Asociación Pateras de la Vida, que apretaba bien fuerte la mano y ponía en el disparadero a los nuevos: tenían que cantar una canción para amenizar la velada. Y la pequeña Lina, sin parar de bailar. Y esa fanta, naranja ocaso, que parecía de otra época. Y una de San Fernando, que empezó a dejar de abrazar la mochila como si fuera la tabla de salvación de un náufrago. Eso nada más empezar. Después ya vendrían Camarón, la Tarara y lo que hiciera falta. La línea entre las dos culturas ya estaba trazada. Lo consiguió la APDH-A, sin inmutarse y con el aplauso de todos.
En el taxi con Bousra
El círculo se cerraba el primer día, el viernes, de una manera curiosa. Buchra era una de las anfitrionas, la que tenía la llave para mostrar la cultura musulmana a esta chica de Conil. La marroquí, ojos de un color café recién hecho, vestía traje rosa escotado, chaqueta vaquera y tacones de vértigo. A su invitada, de la expedición de la APDH-A, gaditana y europea, había que buscarle con lupa algo de piel entre tanta tela. A eso se le llama miedo. Ignorancia. Y se quedó perpleja al ver los bikinis de esta familia. Desconocimiento. Porque en Marruecos las musulmanas usan bikinis para ir a la playa. Esa noche, la gaditana soñó dos veces con el ridículo.
¡A trabajar!
Las similitudes, las diferencias, el arte y la imaginación se verbalizaron el segundo día, cuando los jóvenes participaron en los talleres en el local de la Asociación Pateras de la Vida.
El 15M y el 20F abrieron la jornada de trabajo de la mano de Cristina Servan y Rachid Sahara, que luego dejaron paso al debate y a preguntas sobre sobre ambos fenómenos. En su intervención, con la ayuda de Marwan Sakr como traductor, los ponentes explicaron los orígenes y el desarrollo de estos movimientos, sus semejanzas y desigualdades.
Luego le tocó el turno a Lucía Díaz y su taller de Artivismo, donde explicó en una primera parte el concepto del arte aplicado al activismo, con ejemplos de famosos artivistas, tanto internacionales como españoles. Youssef El Yaouti hizo lo propio y explicó que en Marruecos el artista tiene que integrarse en una organización. Ya por la tarde, ambos desarrollaron la práctica de su taller de arte con disciplinas totalmente distintas. Lucía, por un lado, planteó un ejercicio de una disciplina conocida como stencil, que se trata de elaborar una plantilla con el mensaje que uno elija y que luego puede imprimirse en cualquier soporte con spray. Paz, Dos Orillas, Igualdad, Pateras de la vida o $pain fueron algunos de los trabajos que luego adornaron las paredes de la asociación. Los alumnos que decidieron seguir la práctica de Youssef elaboraron una composición musical improvisada a partir de mensajes que habían escrito previamente, como libertad u otro mundo es posible, y que fueron convertidos en ritmos musicales.
Vanessa Perondi y Yousra Tarouat pusieron el punto final a la parte teórica de los talleres con una exposición sobre la comunicación. La primera trató el cambio en el modelo clásico de la comunicación a partir de internet y las redes sociales, destacando el papel de éstas para dar cuenta de realidades que los medios tradicionales no cuentan y a la vez, de su capacidad para difundir hechos que pueden ser auténticos bulos si no se contrastan. Yousra Tarouat trató la comunicación interpersonal y las pautas que se deben seguir para obtener una mejor comunicación entre las partes.
Las moras y la olla exprés
El conocimiento, el intercambio sigue. Pero fuera de las aulas, en el calor –nunca mejor dicho- de las familias, de sus salones, de su hospitalidad, de su charla. Y la parada para almorzar con nuestros amigos de acogida, se convierte en una clase improvisada.
Las moras son las que se comen, y su color morado, que se asemeja a las caras de las mujeres marroquíes, han trasladado el nombre del árbol hasta ellas y de ellas a ellos. Las moras y las moros. A Susú, otra anfitriona, no le gusta que le digan mora. Ella no se come, suelta como chascarrillo. Habla sin perder ojo a la olla exprés, en la que está preparando el cous cous que sólo estará quince minutos en la mesa. Se devora con cuchara. “¿Quién ha dicho lo contrario?”, esgrime con una sorna que muta a carcajada. Con esta mujer da gusto hablar. Luego vendrá lo de su sueldo, unos 200 euros al mes para una maestra. También habrá tiempo para hablar del pederasta Daniel Galván, de la libertad de expresión y un paseo con boda incluida, con caballos y música y baile. En Larache no es difícil encontrar música y baile. Todo se celebra bailando. Al menos en la casa de Susú. Lástima que las imágenes no traspasen la mente y se inserten en este texto. Los movimientos de cadera de las mujeres se agarran a los ojos. ¿Discotecas? Eso ya sí que no hay en Larache. Tal vez no les hagan falta.
Las películas de Simo
Simo, un chico que lo mismo te cambia euros por dirhams que te transforma un folio en abanico, también hace películas. Con su teléfono móvil. Borja pudo comprobar la creatividad de este joven de Larache que tiene un dramaturgo en la cabeza. En todas las obras, un accidente, alguien muere. Tal vez, alguna vez, las películas de Simo salgan de ese móvil roído y traspasen fronteras. Mientras eso ocurre, Simo continúa creando y rechaza con las manos en alto los euros que se les entregaba a las familias por el alojamiento. ¿Que por qué? Porque hay rincones en Larache en los que el dinero no es una buena respuesta.
Una experiencia. En realidad el encuentro fue más que eso. Un corte de mangas a los prejuicios de ambos lados, conscientes de que es más fácil destruir un átomo que un prejuicio. El viaje, sin proponérselo, fue como un juego de espejos en el que Larache proyectaba una imagen y los participantes gaditanos buscaban verse asímismos y a sus padres. La APDH-A y la Asocociación Pateras de la Vida consiguieron trazar esa línea recta entre Cádiz y Larache, una línea que para muchos se extenderá al resto de su vida. Porque la iniciativa había dado un micrófono a gente común, de ambos lados, a esa especie de extras de cine mudo a los que nunca nadie les había pedido la palabra.
Juani Amaya
Vanessa Perondi

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Una respuesta a “Una línea recta de Cádiz a Larache

  1. Estupenda experiencia!! Lástima que no pudiese ir, porque me encanta Marruecos, al menos la única experiencia que he tenido por aquellas tierras. El año que viene se verá… ^_^

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