El ascenso del Sur

JaimeJaime Pineda, de la Coordinadora de ONGD de la provincia de Cádiz.

Llegado el año 2020, según proyecciones estimadas, la producción económica combinada de tres de los principales países en desarrollo (Brasil, China e India) superará la producción total de Canadá, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos… En la última década todos los países aceleraron sus logros en educación, salud e ingreso, especialmente los de IDH más bajo.
Esta es una de las principales conclusiones del Informe sobre Desarrollo Humano 2013, denominado “El ascenso del Sur”, un informe independiente que se elabora bajo el mandato del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Informe que, desde 1990, comenzó con una premisa simple que ha orientado todo su quehacer posterior: “La verdadera riqueza de una nación está en su gente”, corroborando esta afirmación con un cúmulo de datos empíricos y una nueva forma de concebir y medir el desarrollo: el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que combina ingresos, educación y salud y que, superando al caduco PIB per cápita, ya es el principal indicador a la hora de hablar de desarrollo.
El dato del principio de este artículo significa un reequilibrio impresionante del poder económico mundial: en 1950 esos tres países representaban sólo el 10% de la economía mundial, y en 2050 se estima representará el 40%. Junto a estos tres países otros muchos del denominado “Sur” registran progresos importantes en su desarrollo en los últimos treinta años.
Y ese cambio de papeles en la economía y política mundial ¿cómo ha sido posible? El mismo informe destaca tres factores comunes: un Estado desarrollista proactivo, un aprovechamiento de los mercados mundiales y una clara innovación en políticas sociales. Es decir, recetas opuestas a lo dictado por el neoliberalismo, lo contrario de las políticas impuestas por FMI, Troikas y gobiernos obedientes, como ya afirmábamos en artículos anteriores.
En gran parte estos progresos devienen de un aumento de las relaciones Sur – Sur, por ejemplo empresas indias proveen a países africanos de medicamentos asequibles, equipos médicos y productos tecnológicos y de comunicación. Igual hacen empresas brasileras y sudafricanas.
No obstante, este éxito no está garantizado en el futuro y requiere de medidas para que también llegue a otros muchos países. Cuatro aspectos sugiere el informe para propiciar esto:
• Garantizar una mayor equidad, entre hombres y mujeres, y entre grupos, no solo es valioso en sí mismo, si no que es esencial para promover el desarrollo humano. Aquí la educación adquiere un valor extraordinario como motor de cambios, sobre todo para las mujeres y como vía para una ciudadanía exigente en sus derechos.
• Permitir la libre expresión y participación: la historia de la humanidad está repleta de casos de rebeliones populares provocadas por gobiernos indolentes. El malestar social frena la inversión y el crecimiento, y los gobiernos autocráticos deben desviar recursos para garantizar el cumplimiento de la ley el orden.
• Hacer frente a los desafíos ambientales: si bien las amenazas ambientales como el cambio climático, la deforestación, los desastres naturales y la contaminación del agua y el aire afectan a todos, las principales víctimas son los países y las comunidades más pobres, precisamente las que menos contribuyen al cambio climático. En esto cuanto más se demore la acción, mayor será el costo.
• Manejar el cambio demográfico: en los últimos 40 años la población mundial se duplicó hasta los 7 mil millones. A medida que la población mundial tenga acceso a mayor educación, el crecimiento disminuirá, pero un aspecto preocupante es la tasa de dependencia, es decir, la proporción de personas menores y mayores respecto a la población económicamente activa. En esto nuevamente el acceso a la educación, especialmente de las niñas, es clave para reducir esta tasa en los países emergentes y ha de acompañarse con mayores oportunidades de empleo, aumentando la productividad y la participación en el trabajo.

No es posible un ascenso del Sur sin un aumento de su participación en el gobierno mundial, algo cada vez más urgente para hacer frente a desafíos que son globales y que los gobiernos del Norte – como el nuestro – no saben, no quieren o no pueden afrontar ni dentro de sus fronteras ni mucho menos a escala mundial.

Jaime Pineda Salguero

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