Trenes rigurosamente descarrilados

scale

En los últimos días, no sólo se ha producido la mayor tragedia ferroviaria de la historia de España, sino que asistimos a otro descarrilamiento colectivo, el de los sueños de muchos de nuestros compatriotas que a mucha más velocidad de la que fueron concebidos han ido convirtiéndose en pesadillas. Sobre dicha metáfora reflexiono en mi artículo de hoy en “El Correo de Andalucía”, cuyo texto os incluyo a continuación. Juan José Téllez en Correo de Andalucía, 27-07-2013
Un país descarrilado.-
Entramos en la curva a más veloc
idad de la permitida, a bordo del expreso de la avaricia. Corríamos muy por encima de nuestras posibilidades, justo cuando descarrilamos en el tren de nuestras grandes esperanzas. Aun estamos recogiendo cadáveres de las cunetas, de la horca del desahucio o de la última voluntad en los cajeros automáticos de cualquier banco.
Llueve el luto sobre Santiago, patrón católico de una España supuestamente laica, ese país también descarrilado. El dolor unánime. Y las versiones, encontradas. En estas horas, no hay guardagujas para tanta lágrima. La muerte toca las campanas del Obradoiro y hay dos maquinistas que, culpables o inocentes, llevarán de por vida, ochenta cadáveres a cuestas, con el móvil sonando eternamente sobre esa rara emoción a la que llamamos conciencia.
Es urgente leer las cajas negras. Las del tren y las de ese estado español al que todavía pertenecemos pero que se quiebra como vagones voladores, en un largo accidente a cámara lenta. ¿Hubo un fallo humano en Galicia, durante la travesía maldita del convoy que zarpó de Chamartín, o fue un defecto del diseño, como hay quien sospecha, quizá con la apacible intención de evitar esa larga amargura de quienes llevaban el timón de la tragedia? También cabría preguntarse si el pueblo todo o sus representantes pudieron hacer algo más de lo que hicieron antes de que nos estrelláramos contra la maldita pared de la incompetencia, de la privatización del Estado, de una crisis hecha a la medida de los poderosos, de una corrupción tan generalizada que uno mismo se mira al espejo y se nos adivina cara de Luis Bárcenas, patas de gallo de Gurtel, barba de tres días de Eres fraudulentos.
No hay suficiente tribunal supremo que nos absuelva o nos rebaje la condena como un final feliz para una vida pública desdichada. Hemos fracasado como sistema y nadie nos librará del pellizco agridulce de la amargura. Tardaremos mucho en averiguar la verdad judicial del mayor siniestro ferroviario de la historia de España, si exceptuamos los atentados de Atocha. Sin embargo, ¿quién nos librará de ese espanto de recordarnos felices y postmodernos cuando nos suponíamos guiados por un Alvia plusmarquista que volaba hacia no se sabe donde ni se sabe cuándo, olvidando sin duda que la vieja dama de la guadaña corre a nuestro encuestro mucho más rápidamente de lo que pudiéramos suponer? Sin embargo, no desesperemos: aún hay enfermos que ceden sus camas a los heridos o vecinos que abren sus casas a los familiares de los heridos. Todo un ejemplo que convendría seguir para que las locomotoras del austericidio no arrollen a la solidaridad.

Anuncios

2 Respuestas a “Trenes rigurosamente descarrilados

Déjanos tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s