¿Pinochet vive?

Claudius 004Lorenzo Benítez*. La sentencia del caso Woodward resucita la impunidad de la dictadura en Chile. El dictamen establece dos penas leves y seis absoluciones. El cura obrero fue torturado en el Esmeralda, buque insignia de la Armada de Chile, construido en los astilleros de Cádiz a semejanza de Elcano. El barco saldó un crédito de Franco con Pinochet.

“Un infante de marina, de apellido García. Se le sumergió y sacaba constantemente de la piscina con agua, con la finalidad de que hablara”. Fue el principio del infierno para Miguel Woodward. Así relató un testigo las torturas en la Universidad Federico Santa María. “Estaba con sus manos apoyadas en la pared y con las piernas abiertas, junto a él estaba el teniente Montenegro y escuché que le preguntaba sobre su condición de sacerdote, sobre su novia y cuántas puntas tiene una cruz. Al contestar que cuatro, el teniente Montenegro ordena darle cuatro culatazos…”. Son declaraciones recogidas en la sentencia emitida esta semana por el juez Julio Miranda después de 11 años y tres magistrados diferentes. En este tiempo fueron inculpados 33 miembros de la Armada. Miranda ha condenado a dos, José Manuel García Reyes y Héctor Palomino López, ninguno con rango de oficial, a tres años y un día de cárcel por “secuestro calificado con grave daño”. Eufemismos de torturado, asesinado y desaparecido. No irán a prisión, como no fue Pinochet. Están en libertad vigilada. El resto han sido absueltos por falta de participación y demencia. Otro acusado ni siquiera ha recibido sentencia porque falleció.
Patricia Woodward, hermana del sacerdote, es el alma de este calvario. No ha recuperado el cuerpo de Miguel. Recurrirá a la Corte de Apelaciones de Valparaíso y a la Corte Suprema. Serán las últimas oportunidades de exhumar el recuerdo de su hermano y la verdad de un crimen de lesa humanidad. Serán las últimas cartas para no cerrar en falso la Historia oficial de una dictadura que, según Patricia, actuó con la bendición del poder eclesiástico católico. El pasado miércoles varios periodistas recibimos una carta suya que dice:
“El antiguo responsable de la Universidad Federico Santa María, donde Miguel sufrió tortura por agua (en la piscina), fue inculpado durante el sumario pero luego sobreseído. El Jefe del Estado Mayor de la Zona Naval, Capitán de Navío Guillermo Aldoney, ascendió a Almirante y fue responsable de la seguridad personal del Papa Juan Pablo II cuando visitó Chile en 1987. Antes de esa visita informamos a Su Santidad de la muerte de Miguel y denunciamos la connivencia con la Armada de la jerarquía católica de Valparaíso. El Nuncio Apostólico en España nos confirmó que el Papa había recibido nuestra carta, pero aún así el pontífice fue fotografiado dando el Sacramento de la Comunión al General Pinochet. Luego el Almirante Aldoney fue nombrado para presidir una empresa de aceros, privatizada por el régimen militar. El médico del crucero Latorre que había atendido a Miguel fue ascendido a Almirante y presidió los servicios de salud de la Armada. El Capitán Barison fue el Segundo Comandante de la Esmeralda, buque que sirvió, con su conocimiento, para la tortura de más de cien presos. Ni siquiera fue imputado.”
Aldoney ordenó el traslado de Miguel desde la Universidad Federico Santa María a la Academia de Guerra Naval, donde él mismo tenía su oficina, recuerda esta mujer. Aldoney fue inculpado en la causa por la anterior magistrada, Maria Eliana Quezada, que también inspeccionó el buque Esmeralda y ordenó exhumaciones en el cementerio de Playa Ancha, donde supuestamente fue enterrado el sacerdote en una fosa común, sin resultados. La causa contra Aldoney fue sobreseída por el juez que ha emitido la última palabra, hasta el momento. En su dictamen señala que Miguel fue “llevado al Buque Escuela Esmeralda, para ser examinado por un médico”. Hay muchos testimonios que indican que no fue así, de ahí la actitud de la jueza anterior, que fue amenazada de muerte. Patricia continúa su relato: “En todo caso, el Ministro –juez- no hace referencia alguna en su Sentencia al hecho de que Miguel murió mientras estaba en la Esmeralda. Pero así testificó el Segundo Comandante del buque, Eduardo Barrison, en dos ocasiones ante la Ministro –jueza- Quezada.”
La carta de la hermana de Woodward, cuyo caso formó parte de las investigaciones más emblemáticas del juez Baltasar Garzón contra Augusto Pinochet, está documentada con la fuerza de una vida dedicada a ello: “Miguel había llegado, en estado comatoso, en una furgoneta manchada de su sangre al muelle donde estaba atracada la Esmeralda. No se sabe por qué le llevaron a la Esmeralda, donde no había un médico en ese momento, y no directamente al Hospital Naval, que estaba más cerca de la Academia de Guerra (quizás era para torturarle más). En el muelle Prat, donde estaba atracado el buque, le atendió un médico del crucero Latorre, quien le pronunció moribundo, probablemente por los fuertes golpes que habían destrozado sus órganos internos. Fue llevado a bordo en una camilla a pesar de las protestas del Segundo Comandante que quería que le llevasen ya al Hospital Naval. Al parecer el médico le acompañó a bordo de la Esmeralda, donde fue atendido por enfermeros. Tras la muerte de Miguel en la Esmeralda, su cuerpo, acompañado por cuatro infantes de Marina, se llevó directamente a la morgue del Hospital Naval. Un marino que custodiaba la morgue ese día declaró ante la Ministro Quezada que luego le ordenaron llevar el cuerpo de Miguel al Hospital Gustavo Fricke en Viña del Mar. Allí lo depositó en otra morgue, en la que yacían ya unos 15 cuerpos de personas asesinadas por la Armada. Allí sí que se pierde la pista.” La sentencia, concluye Patricia Woodward, es “de extrema clemencia” y persiste “la obstrucción a la Justicia, hasta los tiempos actuales, por parte de algunos miembros del Alto Mando de la Armada”.
El documentalista chileno Patricio Henríquez realizó el film La cara obscura de la dama blanca, como se conoce al buque Esmeralda. Franco encargó construirlo a imagen de Elcano en los astilleros de Cádiz para saldar un crédito con el Gobierno de Chile en 1954. Son barcos gemelos. En el puerto gaditano ha recalado muchas veces. En los últimos años en grandes regatas como la de 2012. Paradójico. Vino a unirse a los cantos de sirenas de las libertades. Como el año pasado también en 2008 hubo protestas de organizaciones de derechos humanos. Hace cinco años Amnistía Internacional organizó la proyección de la película de Henríquez para pedir justicia. Querían una disculpa de la Armada chilena por sus salvajadas. Más atrás en la hemeroteca también resalta otra protesta en julio de 1977 en Cádiz. Entonces una veintena de colectivos, partidos políticos y sindicatos encabezados por varios diputados se manifestaron en solidaridad con el pueblo chileno. Vive Pinochet que hoy sería impensable.

Lorenzo Benítez es periodista y miembro de la APDHA. Este artículo aparece originalmente en “El Independiente de Cádiz”

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