Sed en el Valle del Jordán

Balneario israelí Bianqini, en el norte del Mar Muerto palestino

Balneario israelí Bianqini, en el norte del Mar Muerto palestino

Por Candela Torres. La periodista Candela Torres, cooperante en Jerusalem y habitual de nuestro Blog, nos describe el gravísimo problema del agua para los palestinos en el Valle del Jordán, mientras la población israelí tiene agua para despilfarrar.
Imagine que tiene su localidad, pueblo, ciudad, lo que sea, dividida en dos categorías. Imagine. Imagine que vive en una ciudad en la que se puede construir en unas partes, pero que en otras se lo demuelen. Una ciudad rodeada de un territorio que desde 1967 no le pertenece, repentinamente. Ese territorio, ya no es suyo. Imagine además que tiene restricciones de agua pero que unos kilómetros más allá, en otra localidad, la de sus recién llegados vecinos, tienen más de seis veces que usted. Imagine que esas mismas restricciones las sufre en su parcela de cultivo.
Porque su ciudad, su pueblo, su localidad, imagine, pertenece a una zona tradicionalmente agrícola y ganadera. El tejido económico creció siempre en función de eso, de una tierra rica que necesitaba, que necesita, de un riego para tener un futuro. O un presente. Imagine ahora que esos vecinos, ésos que tienen seis veces más agua que usted, tienen derechos sobre sus tierras, que son suyas, en definitiva. Y usted, que sigue en ellas, debe comprar agua (el precio que usted paga casi dobla al que pagan sus vecinos) y como se imagina ya a estas alturas, el agua no depende de usted, sino de aquéllos que al menos sobre el papel, poseen sus tierras, efectivamente, sus vecinos. De cualquiera de las maneras, para ellos, es un buen negocio. Para usted no, claro. Mirado así, o de cualquier otra manera, las opciones son pocas y en cualquiera de ellas, el beneficiario es otro. Es su vecino, ése que un día, hace tampoco demasiados años, construyó ciudades próximas a las suyas, que además ha creado su infraestructura económica aprovechándose de estos privilegios. Así que, en conclusión, sus alternativas no son muchas.
Quizá éstas. Una posibilidad es resistir en sus tierras, sabiendo que debe adquirir el agua a unos precios prohibitivos con un dinero que no posee ya que estas tierras, mermadas precisamente por la escasez de agua, no producen lo mismo. La pescadilla que se muerde la cola, en definitiva. La segunda posibilidad, marcharse, lo cual supone perder su negocio y cederlo a sus vecinos, para siempre. Porque usted está en territorio ajeno y en cuanto lo deje, lo entregará para siempre a ellos, a sus vecinos, ésos que llegaron un día y que construyeron localidades de repente, junto a su casa. La tercera, es sobrevivir a medias. Por esta razón, la decisión que probablemente tomará tendrá que ver con un reparto del trabajo. Trabajará a medias para usted y a medias para su vecino. Sí, ese que no le cae demasiado bien, pues para ese trabajará usted porque necesita alimentar a los suyos, lo necesita. Y no, no le hace gracia, pero es la única posibilidad de conservar el medio de vida. Imagine tener que trabajar para alguien que le está impidiendo un desarrollo económico propio. No tiene demasiado sentido.
Y su vecino, consciente de ello desde que llegó por aquí, ha creado empresas, empresas de camiones, de plásticos, empresas que son necesarias para la zona y que tienen una utilidad clara en el contexto. Usted trabajará para ellos, no en esas empresas, en sus tierras, pero al fin y al cabo los convertirá irremediablemente en un elemento necesario para su supervivencia. Son problema y solución, por decirlo así. Curioso cuanto menos. Y sus vecinos se sentirán necesarios, incluso útiles, llegarán a pensar que están ayudando en cierto modo. La ignorancia es osada. Pero sobre todo, su vecino hará negocio. Hará dinero con su necesidad. Inteligente maquinaria aquélla que crea la necesidad, el hambre, y vende la comida. Garantía de supervivencia.
Pero esta realidad que acabamos de describir, se imaginará usted, no es una ficción. A quién se le podría ocurrir tan siniestra ficción. Esto que acabamos de describir es la situación actual del Valle del Jordán, en Palestina, una vasta extensión de terreno que ocupa el 28 por ciento de Cisjordania y en la que viven 58.000 palestinos y sus vecinos, cuya llegada es más reciente, aproximadamente unos 12.000. Y a estos dos actores, además, se le añade un tercero, que es casi una parte más de la población, la cooperación internacional.
Una cooperación que es reticente a involucrarse demasiado en la zona, simplemente porque la zona ahora ya es israelí. Y quién quiere tener problemas con un gobierno que es el que concede los permisos para que las organizaciones sigan trabajando aquí. Trabajar sí, pero bajo las condiciones de un gobierno al que no se puede molestar. No es tarea fácil, sin duda. Todo está muy bien pensado. Y mientras tanto usted, sigue conviviendo con su vecino como puede, qué le vamos a hacer.

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