La Thatcher y los escraches

ESCRACHESVíctor Manuel Marí Sáez
Nos sorprende el mes de abril con la pérdida de personalidades como Margaret Thatcher. Y también, en estas semanas, hemos visto como empezaba a sonar una palabra que nos era extraña en el español hablado en España: escrache. Tatcher y escrache. Suenan parecido, pero sus significados nos llevan a lugares opuestos. Las dos palabras están relacionadas, pero los periódicos nos las presentan en secciones diferentes. El hecho de que la muerte de la dama de hierro haya coincidido con el auge del término escrache nos invita a pensar en las conexiones de ambas palabras, y también en sus vinculaciones con la festividad del Primero de Mayo y con la situación que vive el mundo obrero en la actualidad.

Thatcher
El pasado 9 de abril la muerte de Margaret Thatcher ocupó las portadas de los principales periódicos y abrió los telediarios de todo el mundo. Algunos de estos medios, como El País, en consonancia con el viaje a ninguna parte (buena) en el que anda metido, decidió colocar en la noticia el titular “La revolucionaria de hierro”. Leyendo esto, no puedo dejar de evocar las palabras de Eduardo Galeano, cuando dice que “nos han robado las palabras con las que hablábamos de nosotros y de nuestras luchas”.
¿Qué revolución puso en marcha la dama de hierro en el periodo en el que estuvo al frente del gobierno británico? Ella fue la impulsora, y la máxima referencia (junto a Ronald Reegan) de al menos dos procesos sociopolíticos que tuvieron lugar en el último tercio del siglo XX.
El primero de ellos consistió en la estrategia planificada de desmovilizar al movimiento obrero británico mediante los conflictos mantenidos con los mineros y con los trabjadores del sector siderometalúrgico. Aún hoy podemos comprobar la fuerza e importancia que estos dos sectores juegan en las prácticas de resistencia, desde dentro del movimiento obrero, al capitalismo global. El pasado verano, con las marchas mineras organizadas en el territorio español, se pudo ver que entre ellos aún perduran rescoldos movilizadores de cultura obrera desde los que encender y alimentar los procesos de respuesta social ante la crisis. Respecto al sector siderometalúrgico, quienes vivimos en la bahía de Cádiz somos testigos de cómo la unión y la conciencia obrera de estos trabajadores han permitido defender las conquistas sociales conseguidas con tanto sufrimiento y sacrificios a lo largo de la Historia.
El segundo acontecimiento tiene que ver con el desmantelamiento del Estado del Bienestar llevado a cabo por Margaret Thatcher en Gran Bretaña. Unas políticas neoliberales que marcaron, al inicio de la década de los ochenta, el giro que adoptarían en los años sucesivos el resto de potencias europeas y mundiales. Precisamente, con la llegada de la dama de hierro al poder, en 1979, finalizan las tres décadas de pax social (1945-1975) que dieron lugar al nacimiento y auge del Estado del Bienestar en Europa. La privatización de servicios públicos (como el transporte y la sanidad) y la desregularización de sectores como las telecomunicaciones, permitieron que se hiciera realidad el sueño capitalista de la máxima desrregulación (el laisez-faire – dejar hacer – al mercado para que se autorregule desde el principio de la “mano invisible” proclamado por Adan Smith).
Con la implementación de las políticas neoliberales se pusieron las bases para que el capitalismo circulase a la velocidad de la luz y a escala planetaria, sin ninguna barrera para la especulación. En este sentido, Paul Virilio lleva advirtiendo, desde hace años, sobre el modo en que la velocidad ha sido uno de los sueños del capital. Desde el “lento” capitalismo industrial hasta el veloz capitalismo especulativo financiero actual, surge la pregunta: ¿quién podrá parar esta barbarie?

Escraches
Precisamente es la crisis del Estado del Bienestar (entendido como la puesta en marcha del Estado social, la implementación de politicas sociales por parte de los poderes públicos a los ciudadanos, con especial atención a los sectores más vulnerables) la que lleva al actual “Estado del Malestar” en el que millones de españoles intentan sobrevivir.
Y es aquí donde entra en juego el término escrache, cuando los gobiernos dejan de garantizar a la ciudadanía derechos básicos y fundamentales como el derecho a la vivienda. Entre las diversas genealogías del concepto aparecidas en las últimas semanas en la prensa española, la propuesta por Natalia Chientaroli (2) resalta alguno de los rasgos centrales del concepto. Allí se indica que el escrache nació en Argentina a mediados de los noventa, cuando la asociación H.I.J.O.S. (compuesta por hijos de desaparecidos durante la dictadura argentina) comenzó a investigar y a hacer visibles para la ciudadanía a las personas que habían participado en la represión militar y que, debido a las medidas de gracia de los presidentes Alfonsín y Menem, vivían en el anonimato y como respetables vecinos.
Son varias las reflexiones que surgen al hilo del término escrache y su incorporación al contexto sociopolítico actual que se vive en España. La primera de ellas lleva, curiosamente, a ver cómo no es la primera palabra que nos llega de Argentina en medio de “nuestra crisis” española. Hay otro término,“corralito”, que también se ha hecho familiar. ¿No resulta curioso comprobar cómo términos de los procesos de exclusión y de resistencia social de la periferia del sistema-mundo llegan ahora a Europa? La periferia cada vez es más grande, la periferia está en el corazón de Europa.
La segunda reflexión relacionada con los escraches tiene que ver con la producción social de la indiferencia moral, expresión acuñada por el sociólogo Bauman. Los políticos que, implícita o explícitamente, legitiman y permiten los desahucios, se han acostumbrado durante mucho tiempo a la indiferencia moral, suya y de la mayoría de la población, que no les pedía cuentas por su gestión. Ahora esto ha cambiado. Las víctimas de los desahucios, y quienes se solidarizan con ellas, son los encargados de recordar a los políticos las consecuencias de sus actos y la necesidad de responder ante la ciudadanía.
No es casual que el tema de los desahucios esté siendo una de las vetas más fecundas y dinámicas del movimiento 15-M dos años después de su eclosión. La dación en pago, los alquileres sociales y otras tantas medidas relacionadas con la defensa del derecho a la vivienda y la denuncia de la conversión de este derecho en mercancía están sirviendo para aglutinar y movilizar a amplios sectores de la sociedad.
Los escraches, entendidos dentro de la lógica de la no violencia activa, están sirviendo también para establecer puentes entre los movimientos de resistencia y solidaridad del Norte y del Sur. Para hacer un análisis de las desigualdades e injusticias, identificando a sus impulsores (los thatcher de turno) y a sus cómplices (los escrachados). Finalmente, los escraches sirven para experimentar que aún perviven rescoldos de cultura obrera y emancipatoria, capaces de activar y dinamizar procesos de cambio social.

1) Víctor Manuel Marí Sáez es profesor de la Universidad de Cádiz. Autor del libro “Comunicar para transformar, transformar para comunicar” (Editorial Popular, 2011) victor.mari@uca.es
2) “El escrache, de Argentina al mundo”. Eldiario.es, 6 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.eldiario.es/sociedad/escrache-escrachar-argentina-hijos-represion_0_107790094.html

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