La cultura del esfuerzo y el mérito frente a la necesidad

No se trata de atender al que más lo merece sino al que más lo necesita pues si algo debe ser una escuela pública de calidad es compensadora de desigualdades de inicio, debe promover que las personas puedan estar en mejor situación de aquella de la que partieron de inicio. Cualquier otro tipo de igualdad de oportunidades es una falacia.Nuria
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Formo parte de una generación que ha tenido un nivel de vida mejor que el de sus progenitores –creo que pasarán años hasta que este fenómeno se vuelva a repetir- y mi profesión –la enseñanza- me ha puesto en contacto con compañeros y compañeras que estaban en mi misma situación. Clase media procedente de clase trabajadora que , a veces y por esa misma circunstancia, andaba temerosa de que en la escuela hubiera sitio para chavales y chavalas que hicieran tambalearse con su actitud y rebeldía la seguridad que les daba el haber llegado.
De este miedo creo que nace la idea de “la cultura del esfuerzo”. Todo aquel que ha conseguido algo parece haberlo hecho por méritos propios y ciertamente esto tiene mucho que ver pero no es lo único. Pero sobre todo este no es el discurso que la escuela pública debe tener.
Recuerdo miles de conversaciones en que algunos –los menos afortunadamente y cada día menos- de mis compañeros se empeñaban en negar a un alumno o alumna una salida como un Programa de Diversificación o incluso un PCPI porque no se lo merecían. Y ¿cómo se supone que un alumno tiene que merecérselo? ¿Adaptándose al sistema? ¿Y para qué sirve un sistema público si no es lo suficientemente flexible como para adaptarse a cada ciudadano? ¿Imaginan que un médico optara por no atender a un paciente porque está demasiado grave?
No quiero pasarme al otro extremo, no es que crea que la escuela deba tener la varita mágica para resolver todos los problemas sociales, esto no es real. Necesitamos más recursos, la concurrencia de otros profesionales como los Educadores o Trabajadores Sociales que, trabajando en equipo ayuden a compensar todas las desigualdades de partida, además de otras muchas cuestiones.
Pero aquí hablo de la actitud: la escuela no puede responder al merecimiento, ni al esfuerzo, debe responder a la necesidad.
No se trata de atender al que más lo merece sino al que más lo necesita pues si algo debe ser una escuela pública de calidad es compensadora de desigualdades de inicio, debe promover que, lo mismo que lo hice yo, otras personas puedan estar en mejor situación de aquella de la que partieron de inicio. Cualquier otro tipo de igualdad de oportunidades es una falacia.

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