El Desarrollo también es un derecho

Jaime Pineda, de Madre Coraje y de la Coordinadora de ONG’S de la Provincia de Cádiz, escribe sobre la situación de los Derechos Humanos ante el 10 de diciembre, fecha en la que se conmemora el 64 aniversario de la Proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Desde la Coordinadora de ONGD de la provincia de Cádiz creemos que los derechos humanos lo son para todos: para los que vivimos en los países hasta ahora desarrollados y para los que malviven en los países empobrecidos. No aceptamos que se confronten pobres cercanos con pobres lejanos, es aceptar que tiene que haber pobres y ante eso “primero los derechos de los de aquí… nuestros pobres…”. La pobreza no es inocente aquí ni allí y es evitable acá y allá.

Y el desarrollo es también un derecho humano, individual y colectivo, de las personas y de los pueblos…. Todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar de él. Artículo 1 de la Declaración sobre el Derecho al desarrollo de 1986

Pero los derechos humanos y, concretamente el derecho al desarrollo, siguen sin hacerse realidad para la mayoría de la humanidad. Y es porque frente a ese derecho al desarrollo existe una obligación –también jurídica – de promover el desarrollo. Obligación que no se cumple primero por los Estados de estos países empobrecidos que pese a contar muchos de ellos con más recursos no saben o no quieren redistribuirlos. Es también la obligación de la Comunidad Internacional y, sobre todo de los países enriquecidos en gran parte gracias al empobrecimiento de los otros; así lo recoge el artículo 3 de la mencionada Declaración (Los Estados tienen el deber de cooperar mutuamente para lograr el desarrollo y eliminar los obstáculos al desarrollo). Y por último es también una obligación de las empresas y de los ciudadanos, de la sociedad civil, promover en la medida de nuestras posibilidades ese desarrollo o cuando menos – y hablo sobre todo de las multinacionales- no impedir ese desarrollo. Con eso quizá sería suficiente: con un comercio internacional justo y equilibrado, con un respeto a los recursos naturales de esos países y a la soberanía nacional sobre los mismos, con un estilo de vida más sencillo, menos consumista y depredador del medio ambiente.

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