Los nadie

Por Nuria Sepúlveda. Miembro de la APDHA de Chiclana.

Hoy he estado en la cárcel. Ya desde el inicio al dejar el carnet de identidad en la entrada recordé a mi amigo David que decía que, aquí, en el momento en que traspasabas las puertas, ya no eras nadie.

¡Qué casa más desolada y más triste! A pesar de los jardines y de los muros pintados con paisajes, a pesar de los azulejos y los barquitos de madera que hacen los presos, allí no olía nada más que a falta de libertad y a desconsuelo.

He visto a muchos hombres y mujeres, algunos casi niños, y puedo decir que no visto nada más que pobres, pobres y drogadictos, pobres y enfermos mentales, gente de los barrios, gente con una penumbra en los ojos y un olor cercano a la miseria.

He mirado muchos ojos y sólo he visto soledades, soledades de personas que no han tenido otra respuesta social que la de la exclusión, el aislamiento, y el abandono.

Nunca había imaginado lo que sería vivir sin libertad. En las puertas de las cárceles parece como si los derechos se cayeran, no existieran, fueran de otro mundo. Lo mismo que la intranet de la cárcel, buena metáfora para describir la vida entre rejas. Decían las maestras que costaba un año entender el mundo que allí se vivía. ¡Poco me parece! ¿Cómo vamos a entender de algo que está fuera de nosotros desde el nacimiento? Y sin embargo ese algo está ahí, existe y es tan realidad como la que vivimos en nuestra particular intranet de amigos de la infancia y vacaciones pagadas.

Tu casa no me gusta, no es hospitalaria, cuando entras en ella, un funcionario te acompaña a todos lados ¿para protegerte? ¿de qué? Nadie pudo protegerme, ni siquiera prevenirme, de lo que iba a ver en tus ojos. Ojos, algunos desafiantes, otros curiosos, la mayoría: cansados.

¿A quién importa esta gente?. Realmente ¿a quién importan? Los pobres entre los pobres viven en una penumbra que nuestros ojos acostumbrados a la luz no saben ver, es más en esa penumbra no vemos nada, absolutamente nada y como ciegos nos movemos los que tenemos alguna posibilidad de dar otra respuesta que ésta. Y es necesario que la demos, a pesar de nuestra ignorancia, a pesar de la complejidad de su situación. La respuesta no es otra que la educación y la prevención, que desgraciadamente, no viven sus mejores tiempos con las últimas políticas.

Dicen que es mejor educar a los niños y niñas que castigar a los hombres y a las mujeres. Creo firmemente en esta máxima. Es más útil, es más efectivo, es más barato,…pero sobre todo es más humano que las personas tengan la oportunidad de ser lo que ellas quieran ser y no se vean abocadas a ser carne de presidio por haber nacido en el lado equivocado del mundo. Creo firmemente que estas personas y sus familias si hubieran podido elegir, hubieran elegido otra cosa que esta cárcel, que esta casa de muros altos y alambradas, dentro de la cual, como decía mi amigo David, no eres nadie.

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