Derecho Humano a vivir en Paz

Cristóbal Orellana, de la Red Antimilitarista y Noviolenta de Andalucía, (RANA), deja su punto de vista sobre la situación de los Derechos Humanos y su respeto en la actualidad.

Muchos factores ponen en peligro la Paz, es decir, la realización de los derechos humanos de todos y todas. Uno de ellos -el que preocupa más al movimiento pacifista- es la actual opción belicista y de rearme de los gobiernos, sobre todo (aunque no únicamente) la de aquellos que, agrupados bajo el paraguas atómico de la OTAN, aumentan cada día tanto los gastos militares y continúan adelante con las operaciones tipo Irak, Libia o Afganistán.

Y aunque en estos momentos tengamos la vista y el compromiso puestos en situaciones muy cruentas como las de Siria o Gaza, denunciamos que en España este nuevo y preocupante belicismo se desarrolla a un ritmo vertiginoso: instalación de un escudo antimisiles en la Bahía de Cádiz, aumento exponencial de la producción y venta de armas, gigantesca deuda militar (unos 30.000 millones de euros), participación en las guerras de Oriente Medio lideradas por EE.UU., reforzamiento de las grandes bases militares de Andalucía, presupuesto militar que decrece poco y en muchísima menor proporción a la que lo hacen los de Educación y Sanidad, participación directa en una intervención militar en Malí, etc.

Las organizaciones que trabajan por la Paz y el Desarme no cesamos en la denuncia de peticiones absurdas y peligrosas como la que han hecho en estos días tres almirantes de la Marina de Guerra de España pidiendo 240 millones de euros más para instalar en los buques de la Armada sofisticados sistemas de misiles como los que llevan los destructores norteamericanos (pinchar).

Pero, además de estas denuncias, y de actividades como las Marchas contra las Bases (con casi 30 ediciones), etc., quienes abordamos el cumplimiento de los derechos humanos desde la óptica de la Paz y el Desarme tenemos una apuesta ideológica principal: animar la construcción de una CULTURA DE PAZ, es decir, una nueva cultura planetaria donde el cuidado de la Madre Tierra, la satisfacción de las necesidades de todos los habitantes del planeta, la igualdad de la mujer, la abolición de todos los arsenales de destrucción masiva, la cooperación solidaria internacional, etc., sean los objetivos inmediatos y prioritarios. El movimiento por la Paz y el Desarme ha de animar a que muchos actores (de los ámbitos de la Ciencia y la Ética, la Educación y la Cultura, la Espiritualidad y la Sociedad, la Política y la Economía, etc.) trabajen juntos en la dirección de una nueva Cultura de Paz. Este es el camino para que el cumplimiento de los derechos humanos sea una realidad plena.

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