Salir de la crisis, ¿quién?

Por Lola Sanisidro

De entre todas las perversiones  con las que nos envuelven  los gestores de la crisis hay una especialmente maliciosa  por ambigua: la salida de la crisis.

Economistas incalificables que solo cuentan en su haber con el mérito de haberse enriquecido  arrasándolo todo,  con total arrogancia exigen a los políticos que se tomen medidas drásticas para salir de la crisis, ellos.

Políticos y gobernantes que miraron impasibles como se generaba esta tormenta o bien colaboraron activamente a que se fraguara, siempre obedientes a los dictados de las leyes del mercado,  anuncian cada viernes un nuevo golpe a las economías familiares, a las condiciones de trabajo  y a los derechos sociales. Pero todo se justifica para salir de la crisis, ellos.

Sesudos politólogos pronostican sobre cuántos años nos harán falta para salir de la crisis, ellos; Todos ellos, pero sólo ellos.

Se habla, se discute, se vaticina sobre el por qué, sobre el cuándo y sobre el cómo. Nada se dice sobre el quién.

Se nos permite nadar en el sobreentendido de que se refieren a toda la sociedad y favoreciendo unas expectativas destinadas a  desactivar  la rebeldía de buena parte de esa misma sociedad que espera difusamente que con ciertas privaciones de hoy podremos salir a flote mañana.

Pero aún hay mayor perversidad en el discurso de los poderosos, algo que se parece demasiado a la fe religiosa, y consiste en sembrar la insidia de la culpa, la propia y la ajena. Con el talento de los malvados, cubren un doble objetivo;  siembran la culpa propia para desactivarnos y la ajena para dividirnos.

Pretenden que asumamos que la culpa es de la sociedad, es decir nosotros, que ha vivido por encima de sus posibilidades, la culpa es de esa parte del nosotros que trabaja en los servicios públicos, la culpa es de esa parte del pueblo que tiene empleo fijo y no se esfuerza lo suficiente, la culpa es de quien cobra el desempleo, la culpa es de quien no tiene empleo porque es un fracasado, la culpa es de quien no trabaja, la culpa es del inmigrante que viene a trabajar. Pronto la culpa será de las mujeres que ejercen su derecho a un  trabajo que no le han sido otorgados por el derecho divino.

Quieren que el  nosotros  deje  de ser  una fuerza que nos une para convertirse en  bloques de innumerables otros que se miran con recelo.
De esta manera, cuando se habla de salir de la crisis, el todos que habíamos pensado al principio se ha reducido drásticamente al “quienes se lo puedan permitir”, “quienes se sacrifiquen lo suficiente” o  “quienes se lo merezcan”, y a cada cual se le permite pensar que formará parte de los elegidos.

No debería haber paz para los gobernantes que están llevando a cabo esta operación siniestra sobre la conciencia colectiva, no son inocentes, no son ignorantes. La derecha que, más que gobernarnos, nos desprecia,  siempre ha sabido que el miedo es un arma poderosa y la confrontación entre la gente común es su mejor estrategia, por eso cada palabra que nos dirigen está cargada de ese veneno social  que destilan para corromper el alma de los pueblos.

No podemos consentir ese juego atroz que nos divide y nos lleva a la ruina moral. Más que nunca, es esencial la reivindicación de un nosotros abierto y plural, para  que no nos expropien la fraternidad que es la más sólida de las bases para la convivencia ni la solidaridad que es la mejor de nuestras herramientas para la lucha contra la tiranía.

Frente al miedo, la esperanza, la determinación y la rebeldía; el “aquí cabemos todos o no cabe ni dios”.

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